Estoy deprimido, y os diré por qué: tenemos chico-nuevo-en-la-oficina. Y, aunque no se llama Farala, es "divin@". No lo digo yo, claro está, lo dicen todas mis compañeras (y algun compañero muy "entendido").
Desde el primer momento comprendí que aquel Geyperman que acababa de aposentarse en la mesa de al lado, era "la competencia". Sí, porque hasta ahora, yo era el "niño bonito" de la oficina. Mi aspecto aniñado y mi berborrea, le dan a uno cierto encanto, para que engañarnos. Pero claro, cuando te sientan al lado de un Macho-Alfa en toda regla... es como poner un 600 al lado de un Alfa Romero. El 600 es gracioso, entrañable. Pero ¿que churri no quiere montarse en un Alfa Romeo?
En fin, el colega en cuestión, (surfero, para más INRI), desprende feromonas allá por donde pasa.
Ejemplo de situación vivida: dos compañeras en la máquina de café. Me acerco, me saludan, palmadita en la espalda, tirón de moflete (gesto cariñoso y maternal) y me preguntan como fue el finde. Nada más.
Por el pasillo, en la lejania, se ve venir al Macho-Alfa en cuestión. Una de ellas lo divisa y le da codazo a la otra. Ésta se gira y lo ve. Risitas nerviosas, una se atusa el pelo, la otra se recoloca la falda. El tipo llega hasta la máquina, las saluda con sonrisa deslumbrante (e incluso guiño de ojo). Una de ellas, la que babea menos y consigue articular palabra, le pregunta por el finde. El tipo, con su sonrisa perenne, contesta un simple "Bien, gracias". Coge su café y se va. Las dos, sonríendo embobadas, no le quitan la mirada de encima, viéndolo desparecer pasillo alante. Y yo observando esta situación como un pasmarote, vamos, como un gilipollas, me doy cuenta que ni apareciendo con un tanga de leopardo conseguiría captar su atención.
Este tipo ha hecho que me avergüence de mis camisetas de los Simpson y mis calcetines a rallas. No quiero saber que gayumbos usa. Quiero seguir orgulloso de mis calzoncillos de Superman. Aunque ahora al ponermelos y mirarme al espejo, en vez de sentirme super-varonil, me imagino al tipo este a mi lado, con los mismos calzoncillos, y mirándome con su sonrisa y haciéndome sentir un mindundi. Así que me quito mis gayumbos de la suerte, los de la S, y me pongo los Abanderado de toda la vida.
Resumiendo: Se suele decir, "si no puedes contra tu enemigo, únete a él". Así que he decidido que para los Reyes, me pido un Alfa-Romeo.
Desde el primer momento comprendí que aquel Geyperman que acababa de aposentarse en la mesa de al lado, era "la competencia". Sí, porque hasta ahora, yo era el "niño bonito" de la oficina. Mi aspecto aniñado y mi berborrea, le dan a uno cierto encanto, para que engañarnos. Pero claro, cuando te sientan al lado de un Macho-Alfa en toda regla... es como poner un 600 al lado de un Alfa Romero. El 600 es gracioso, entrañable. Pero ¿que churri no quiere montarse en un Alfa Romeo?
En fin, el colega en cuestión, (surfero, para más INRI), desprende feromonas allá por donde pasa.
Ejemplo de situación vivida: dos compañeras en la máquina de café. Me acerco, me saludan, palmadita en la espalda, tirón de moflete (gesto cariñoso y maternal) y me preguntan como fue el finde. Nada más.
Por el pasillo, en la lejania, se ve venir al Macho-Alfa en cuestión. Una de ellas lo divisa y le da codazo a la otra. Ésta se gira y lo ve. Risitas nerviosas, una se atusa el pelo, la otra se recoloca la falda. El tipo llega hasta la máquina, las saluda con sonrisa deslumbrante (e incluso guiño de ojo). Una de ellas, la que babea menos y consigue articular palabra, le pregunta por el finde. El tipo, con su sonrisa perenne, contesta un simple "Bien, gracias". Coge su café y se va. Las dos, sonríendo embobadas, no le quitan la mirada de encima, viéndolo desparecer pasillo alante. Y yo observando esta situación como un pasmarote, vamos, como un gilipollas, me doy cuenta que ni apareciendo con un tanga de leopardo conseguiría captar su atención.
Este tipo ha hecho que me avergüence de mis camisetas de los Simpson y mis calcetines a rallas. No quiero saber que gayumbos usa. Quiero seguir orgulloso de mis calzoncillos de Superman. Aunque ahora al ponermelos y mirarme al espejo, en vez de sentirme super-varonil, me imagino al tipo este a mi lado, con los mismos calzoncillos, y mirándome con su sonrisa y haciéndome sentir un mindundi. Así que me quito mis gayumbos de la suerte, los de la S, y me pongo los Abanderado de toda la vida.
Resumiendo: Se suele decir, "si no puedes contra tu enemigo, únete a él". Así que he decidido que para los Reyes, me pido un Alfa-Romeo.











